Social XXI propone un nuevo IAPI y sustitución de importaciones

El espacio conducido por Martín Ayerbe y otros referentes sociales, asegura tener un plan de reestructuración económica acorde a la crisis que vive el país.

En su pretensión más ecuménica, el peronismo propuso un trato justo por afuera de los mercados internacionales, con los países negociando entre sí directamente, sin intermediación alguna de los brockers, las plazas financieras, las trading companys ni los global markets.

Su filosofía, por simple, prometía éxito: la relación injusta para una de las partes no perdura en el tiempo (la rompe la parte explotada) y los mercados libres no existen, los regulan los Estados en beneficio de sus Pueblos o lo hacen las multinacionales en pro de sus ganancias. Pero claro, excluía a las multinacionales del momento (André, Dreyfus, Cargill, Continental, Bunge y Born, las 5 hermanas) del manejo del comercio exterior argentino… y sentaba un precedente serio.

La herramienta para ejecutar la voluntad soberana de la Patria en nuestro comercio exterior se llamó IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio), diseñado a imagen y semejanza de instituciones socialistas de la Unión Soviética, que había estatizado su comercio exterior mucho antes y con rotundo éxito.

Jamás antes ni después de aquella experiencia la Argentina tuvo manejo soberano del comercio exterior. Hasta el día de la fecha todos los gobiernos esperan, pasivos y angustiados, a que su majestad, la oligarquía terrateniente, liquide las divisas de la venta de sus (nuestras) cosechas. Oligarquía socia de paraísos fiscales, intermediarios, embajadas y nuevos actores (Nidera, Monsanto) de la misma vieja película de siempre. Oligarquía también socia (mandante, líder) de la jerarquía religiosa, los políticos profesionales, los militares golpistas y sus socios capitalistas minoritarios de la industria… así lo demuestra la subordinación política y económica de la UIA (Unión Industrial Argentina) a la autodenominada “patricia” SRA (Sociedad Rural Argentina).

Parte de la política de dominación sobre nuestro Pueblo se ejerce impidiéndole enderezar la espalda, como hacían con los esclavos. Porque mirar a un jefe a la cara, ponerle ese rostro al látigo que lo castiga, le orienta el odio al esclavo: la injusticia que lo oprime deja de ser un hecho de la naturaleza, tiene un rostro que es el causante, el culpable de sus males. Y si el Pueblo Argentino se instruye sobre quiénes son los culpables de sus males, tarde o temprano va a encarar. Con la espalda bien derecha y mirándolo a los ojos…

La Argentina es para el mundo una proveedora de alimentos para 460 millones de personas, de las cuales solo 40 viven en su territorio. Por lo tanto, dice el mundo, todos los años sale de Argentina comida para 420 millones de extranjeros. Por lo tanto, sigue, es más importante manejar su comercio exterior que el interno. Y para ello, concluye, es conveniente deprimir su desarrollo al mínimo posible… Nada nuevo bajo el sol. Imperio puro.
Por eso, cuando hablamos de la ELMA XXI multimodal, el entero establishment se pone nervioso y opera en nuestra contra. Por eso también, cuando planteamos crear un Ministerio de Asuntos Marítimos y Navales de la Nación Argentina, se nos ponen de punta quienes supuestamente más a favor deberían estar.

En la Argentina Socialista, la producción para la defensa tiene la obligación de diseñar una logística de aprovisionamiento (interno y externo, redundante) de remedios y alimentos para toda la población, no solo armas y municiones para la tropa. Porque una nación en armas planifica todos sus abastecimientos, no solo los militares. De idéntica manera, la ELMA XXI es el brazo logístico del IAPI XXI, como éste lo es a su vez de las relaciones internacionales del país. Teniendo saldos exportables de nuestra producción agropecuaria para alimentar 420 millones de personas, la Argentina puede ser la que termine para siempre con el hambre en la Patria Grande.

La Economía de Equivalencias permitirá equilibrar transacciones que, aunque se compensen en monedas capitalistas, son harto perjudiciales para el país en cuanto a trabajo, a valor agregado. La conducción soberana de nuestro comercio exterior a través del IAPI XXI permitirá desarrollar nuevas y fructíferas relaciones que hoy, con las multinacionales ejerciéndolo a favor de sus obscenas ganancias y sin flota mercante argentina, no son posibles.

Esta estructura socialista de los medios de producción es particularmente dócil al poder político popular, organizado en la Democracia Participativa. Gente politizada, debate público, participación popular, negrada con manija. Por estas y otras razones por el estilo la Argentina resulta tan peligrosa al sistema capitalista. Tiene mucha más historia, antecedentes y práctica que otros países hermanos. Siendo un país rico en alimentos y producciones primarias, jamás abandonó su vocación industrialista.

La unidad de la Patria Grande pone a favor una enorme cantidad de factores de escala que hoy nos juegan en contra. Si YPF, Petrobras, Ancap, Pdvsa, YPFB y otras petroleras estatales se unen, su poder de compra y venta se potencia al primer nivel mundial. Guiadas o arrastradas por Venezuela a la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) se volverían “formadoras de precios mundiales” de crudos y destilados. Organizando industrialmente el abastecimiento de sus insumos, agregarían valor terciario (destilerías, equipos de perforación y extracción) a su producción primaria (crudo) y secundaria (destilados)… y así siguiendo con todo lo demás.

Lo máximo que el capitalismo es capaz de dar ya lo tenemos a la vista: la burguesía paulista brasileña, la progresía asistencialista argentina, el consumismo de las clases medias, el conformismo del Pueblo postergado. Y nada más. Hasta ahí llegó su amor. Toda transgresión a los límites establecidos (propiedad social de los medios de producción, nacionalización de la banca y el comercio exterior, sustitución de importaciones, pleno empleo, desarrollo de tecnologías convenientes) será defenestrada como anacrónica, hija de un voluntarismo terrorista. Y como tal será tratada.

Lo sensato para independizarnos es sustituir las importaciones que nos desangran, no tratar de joder a otros como nosotros con nuestras exportaciones. Ese 70% de déficit en la balanza automotriz argentina no se salda con un aumento de competitividad y mayores exportaciones. Eso se arregla haciendo en el país lo que viene de afuera. Porque es el poder adquisitivo argentino el que compra los 0km. No puede ser que, por cada 3 trabajadores argentinos que empleamos en la producción del mismo, haya 7 extranjeros que viven de él. Por eso tenemos que manejar el comercio exterior. Porque si no, las multinacionales nos bombean la desocupación extranjera a los mercados internos de nuestros países. Está a la vista con los autos, los artículos electrónicos y muchas cosas más.

Las importaciones de material ferroviario de China, mil millonarias en dólares, no son necesarias: la industria nacional estatal (Junín en Pvcia de Bs As, Forja Argentina en Córdoba, Tafí Viejo en Tucumán, Astilleros Río Santiago en Ensenada) en conjunto con la privada (Fábrica Argentina de Vagones y Silos en Chascomús, Aesa y Materfer en Córdoba, Rumifer en Río Cuarto, Aceros Potrone en Avellaneda, Igarreta en Cap. Fed.) proveyó durante décadas todas las necesidades de Ferrocarriles Argentinos antes de su privatización. Abandonarlo todo a manos de los privados fue una decisión del gobierno menemista, ratificada por todos los que vinieron después. No hay excusas. Hay que ir por todo.

Por Martín Ayerbe

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