Genealogía de una Pasión: Luis Sapag nos cuenta la historia del MPN, de su padre y del desarrollo de nuestra provincia

En el marco de los preparativos que se vienen para la celebración de un nuevo aniversario del natalicio de Don Felipe Sapag, en AgenciaNqn tuvimos el lujo de dialogar con Luis Sapag en un mano a mano imperdible.

El histórico referente del MPN nos abrió las puertas de su casa para contarnos sobre los orígenes de una familia que emigró desde las lejanas tierras del Líbano para radicarse en Neuquén en búsqueda de un futuro.

Sin dudas, en la provincia hay un antes y un después de Felipe Sapag, siendo éste uno de los apellidos más trascendentes de la historia política neuquina.

Autor de libros como “Del Líbano a Neuquén, Genealogía de una Pasión” (de donde tomamos prestado el nombre para titular la nota)  y “Volver al Neuquén que Vine”, el hijo de Don Felipe asegura que las banderas fundacionales del MPN son las banderas del peronismo.

Hablamos de un partido provincial que se basó en los ideales de la Independencia Económica, la Soberanía Política y la Justicia Social, pero que a partir de la llegada de Felipe, se desarrolló el concepto de Federalismo, una bandera que determinó el rumbo del MPN para que sea lo que es hoy.

A Neuquén le faltaba la capacidad de la Autodeterminación y, tal como nos cuenta Luis Sapag, fueron Felipe y sus hermanos, fundadores del MPN, quienes se la dieron para que la provincia dé el salto de calidad que necesitaba para desarrollarse.

Doctor en Ciencias Sociales, Ingeniero Industrial y Vicedecano de la UTN regional Neuquén, es sin duda, una de las voces autorizadas para entender cómo fue que el MPN llegó a ser lo que es hoy.

Con sus aciertos y con sus errores, hablamos del partido que transformó la provincia del Neuquén y, en esta ocasión, dialogamos con uno de los actores que fue testigo del proceso político que impulsó el MPN, señalando sus fortalezas y debilidades de una fuerza social que asegura, mantiene su capacidad de renovación y protagonismo sociopolítico.

 

¿Qué representa el apellido Sapag? No sólo para el MPN, sino también para Neuquén

 

“Tanto Felipe, como Elías, Amado y José Sapag, fueron cuatro hermanos de la 3era generación de la familia a quienes les tocó vivir una parte de la historia muy interesante. Fue el inicio de la provincialización del Neuquén, en momentos donde el peronismo estuvo proscripto. Ante esa situación es que decidieron iniciar un camino de transformación de la provincia. En el año 1961 crean el partido y en el ’63 son gobierno. Sin dudas transformaron la provincia.

Al momento en el que mi padre asume por primera vez, en toda la provincia había 100 mil habitantes, de los cuales 25 mil estaban en la capital. Es decir, era más chica que Cipolletti y Roca. Sin embargo, ya para el 1990, en donde termina ese primer período de construcción antes de que el MPN cambie con Sobisch, Neuquén ya contaba con más de 400 mil habitantes, con más de 150 mil en la capital. Para ese momento ya éramos más que Roca y Cipolletti juntos.

Sin duda hay muchos indicadores, pero ese es uno muy importante del crecimiento que tuvo la provincia y la transformación que ocurrió a partir de la primera gestión de mi padre”.

Usted me dice que cambió el partido a partir de la llegada del Sobisch a la provincia ¿Hay un antes y un después en de Felipe Sapag en el MPN?

“Sí, totalmente. El Movimiento Popular Neuquino, de la rama fundacional, tenía una forma de gobierno que era imperativa. Mi padre era una persona de pocas palabras que directamente iba a hacer las cosas, pero lo hacía con un apego muy fuerte a las necesidades de la población y con un conocimiento muy profundo de la gente.

En su tiempo hubo un mito que es parcialmente cierto. Decía que mi padre conocía por nombre y apellido a todos los habitantes de Neuquén. Eso, efectivamente era así, pero se refería a las personas grandes, lógicamente con la llegada de las nuevas generaciones, los recién nacidos, eso se imposibilitó.

Con la llegada de Sobisch, el partido cambió hacia su forma neoliberal y autoritaria, propio también del menemismo y del clima de época. Así fue como el MPN pasó de ser un constructor de empresas públicas, a un partido conservador que apoyó las privatizaciones”.

¿Considera que Don Felipe se transformó en un símbolo de identidad neuquina?

“La construcción identitaria, como cualquier otro proceso semejante, es producto de una suma de factores. La tierra, la lengua, el folklore, la historia, son parte de ese proceso y eso no lo inventó mi padre. Marcelo Berbel o Gregorio Álvarez, son personas que representan mucho también para la historia de Neuquén. No obstante, el partido, con Felipe a la cabeza, le aportó algo al neuquino que hasta ese momento no tenía: la autoconfianza, el reconocimiento de entender un “nosotros podemos”. Eso no existía. Hasta ese momento, Neuquén era una mochila de la República Argentina, no sabían qué hacer con Neuquén.

En el caso de Río Negro, se incorpora a la economía nacional como extensión de la Pampa húmeda. Esa provincia recibió el ganado ovino que fue desplazado por el crecimiento de la cría de vacas que tuvo La Pampa. De modo que en la planificación nacional, Río Negro cumplió en sus inicios una función muy particular. Por supuesto, hablando respecto de lo que era un modelo agroexportador y oligárquico del país.

En cambio, en Neuquén no había una naturaleza adecuada para la cría de esos animales. De modo tal que la única razón de ser que existía aquí era la de mantener la soberanía, en donde el Ejército cumplía un rol muy importante. Por lo tanto, Neuquén estuvo siempre atada a esa falta de crecimiento. Cuando mi familia llegó a la provincia, recién estaban asfaltando las primeras cuadras de la ciudad.

Por eso, cuando Felipe dice “nos pusimos los pantalones largos” y “no recibimos órdenes de nadie”, le estaba enviando un mensaje a Perón. A partir de ese momento, es cuando la neuquinidad adquiere lo que le faltaba: la autoconfianza. Comenzó una época en donde entendimos que nosotros podíamos crecer y que no éramos el “palo más bajo del gallinero” y en función de eso, se generó toda una mística entorno a la neuquinidad, que hoy se mantiene. Hoy todavía existe, aún en los que no nacieron acá”.

¿Coincide en que las banderas históricas del MPN están plantadas sobre las bases del peronismo?

“Sí, por supuesto. De hecho, en la carta fundacional se estableció que el MPN pertenecía al peronismo y que cuando se levantara la proscripción, se iba a retornar al partido. Sin embargo, esa experiencia de autodeterminación y de no esperar directivas de Buenos Aires, fueron las bases que sembraron la autonomía del MPN.

Eso nos llevó a la creación de políticas públicas propias respetando la Independencia Económica, la Soberanía Política y la Justicia Social, a lo que nosotros le agregamos Federalismo. Y lo hicimos rescatando las viejas tradiciones del Federalismo de la fundación de la República, pero en Democracia.

Eso nos significó una ruptura muy fuerte. El Federalismo, comprendido por los Neuquinos, es la capacidad propia de construcción, esa autoconfianza que le mencionaba hace un rato”.

¿Para Felipe, el Federalismo fue la bandera más importante?

“Al menos fue la bandera más disruptiva, porque fue lo que le significó la ruptura con el peronismo. Perón no quería saber nada, mucho menos sus delegados de Buenos Aires”.

Para conocer más sobre la relación del MPN con el Partido Justicialista, en tiempos de Felipe Sapag, no dejes de leer la anécdota que Luis no cuenta sobre esa época:

Retorno a la Democracia: el día que Felipe le ganó las elecciones al FreJuLi del “Tío” Cámpora.

¿Considera que las banderas del Federalismo son creadoras de caudillismo?

“No. En nuestro caso, fue absolutamente lo contrario. Por supuesto que entiendo que el Federalismo del Siglo XIX tuvo toda una historia de creación y crecimiento de los Caudillos, quienes eran políticos, terratenientes y jefes militares. Característica fundamental de las condiciones de producción de la época.

Las provincias eran naciones, con su propia emisión de moneda, en una época en donde salíamos del feudalismo. Sin embargo, el Federalismo nuestro, era un Federalismo Democrático y, con el tiempo, sobre todo durante el período fundacional, se puede concebir como una forma de Populismo. Teníamos la figura de un líder indiscutido, pero con la diferencia de que las promesas que mi viejo hacía, las cumplía.

Mi padre se basó en cuatro promesas: vivienda, salud, trabajo y educación. Esas fueron las consignas que se planteó Felipe para toda la gente. Hizo más de 40 mil viviendas, generó un sistema de salud que fue modelo, creó la Universidad y no dejó ninguna escuela rancho.

Pero con los cambios, después del desgraciado proceso de Sobisch, volvió un Sapag. Sobrino de mi padre y la manera en la que llevamos el gobierno, porque yo estuve en su equipo, se mantuvo la consigna del Federalismo y la independencia en las decisiones, pero ya dejó de ser el modelo populista. Pasó a ser un modelo Socialdemócrata. Tuvo características de racionalidad, de dilución de jerarquías, de no promesas inmediatas, de un modelo a largo plazo. Entonces, el Federalismo en Neuquén, lejos del populismo, fue mutando hacia la socialdemocracia. Un modelo claro de eso, es quien gobierna hoy.

Resalto esto, porque hoy no hay ningún Sapag en el gobierno, no hay ningún Caudillo. Todos los gobiernos han tenido clientelismo, pero si usted mira los indicadores, los que tienen relación directa con el gobierno, no llegan ni al 7% de los trabajadores de la provincia. Por lo tanto, no es cierto que nuestras políticas se sustenten en el clientelismo”.

Sin dudas, el desarrollo de los Sapag fue el puntapié inicial para que el partido se convirtiera en espacio Federal que fue, a pesar de que hoy muchos aseguran que perdieron esa condición, producto de las políticas que llevaron al MPN a subordinarse a las decisiones que llegaban desde Buenos Aires.

La semana que viene publicaremos la segunda parte de esta enriquecedora charla con Luis Sapag, una historia llena de nuevas anécdotas y recuerdos vividos por la familia y la provincia.

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