Panorama renovable: la “onda verde” que nunca se consolidó

El año 2018 está llegando a su recta final y con él comienzan a aparecer los balances de estas fechas. Evaluación de resultados, objetivos y metas alcanzadas, conclusiones de gestión y, sobre todo, definición de proyecciones a futuro. En función de los resultados arrojados podrá (o no) planificarse cómo será el camino de un 2019 cuyos desafíos serán más grandes que el de los años anteriores.

Como en todo año electoral, las fuerzas políticas planifican su campaña con mucho tiempo de antelación definiendo cuál será su “caballo de batalla”. En el caso del oficialismo, el discurso parece rondar sobre varias aristas desde donde agarrarse. Algunas arrojan mejores dividendos que otras, e incluso podría discutirse sobre la eficacia de su gestión dependiendo del lugar desde dónde se los analice. No obstante, los tres años de Cambiemos arrojan una serie de resultados objetivos analizables desde los parámetros que la propia gestión se planteó para su gobierno.

En términos de energía resulta sumamente dificultoso esbozar un balance general sobre el cual medir los resultados de las “políticas energéticas” ejecutadas, pues debemos hacer un análisis previo sobre cada rama y de manera particular, con la complejidad que cada una de ellas conlleva.

Entendemos que la energía como tal es una sola y que, en todo caso, lo que varía es la fuente a partir de la cual se produce. Por lo tanto, resulta evidente prever que la minería arroje resultados (positivos o no) diferentes a los obtenidos en el mercado de la explotación del petróleo, gas o en cualquier tipo de fuente renovable.

Asimismo, también será indispensable analizarlo teniendo en cuenta las variables macroeconómicas del mercado mundial, sin dejar soslayar influencias que éste ha tenido para el desarrollo energético de un país que aún se encuentra lejos de alcanzar la autosustentabilidad energética.

Otro aspecto importante a tener en cuenta a la hora de sacar conclusiones es el recorrido por el que pasó una gestión que debió afrontar fuertes modificaciones en su estructura general. Hablamos tanto de funcionarios de diversas áreas que no llegaron a cumplir su mandato y fueron reemplazados por otras personas (siendo el propio Juan José Aranguren el caso más paradigmático), como también el hecho de que el propio espacio comenzó siendo un ministerio, pero cumplirá su período siendo una secretaría. En esta ocasión analizaremos el panorama del mercado de la energía producida a base de fuentes renovables, con vista a un programa que nació con un modelo tan prometedor como ambicioso: el Programa RenovAr.

Primero, repasemos qué es y cuáles son los objetivos de dicho proyecto.

RenovAr: el plan para incorporar “energía limpia” que fracasó

A mediados del año 2016, cuando apenas transcurrían los primeros meses de la gestión de Mauricio Macri como presidente de la nación, se presentó el plan RenovAr, el cual prometía a mediano y largo plazo la incorporación de nuevas fuentes de producción energética para reducir la dependencia de combustibles fósiles y así comenzar a contrarrestar la matriz de un país cuya principal fuente es y sigue siendo el gas.

primaria.pngFuente: MINEM

En aquella ocasión, el presidente diagnosticó un panorama poco alentador: “Heredamos una Argentina en crisis energética. Pasamos de ser un país que exportaba energía a tener que importarla”. “Tenemos que llenar la Patagonia de molinos para llenar de energía la Argentina”, pidió en el acto que encabezó en el Centro de Información y Formación Ambiental en donde anunció la convocatoria a empresas para la contratación en el mercado eléctrico mayorista de energía eléctrica de fuentes renovables.

Además, RenovAr es un plan que busca transformar la matriz energética Argentina para cuidar el ambiente: “Esta primera etapa es por 1.000 MW. Vamos a evitar emitir más de 2.000 millones de toneladas de CO2. Es como sacar un millón de vehículos de la calle”, aseguró el presidente en aquel entonces. Por otro lado, el plan también prevé el ahorro de 300 millones de U$D en concepto de combustibles que se dejarían de importar al generar energía limpia.

beneficios.pngFuente: MINEM

Bajo esa premisa se inició un camino que apostaba a la construcción y desarrollo de molinos de vientos y paneles solares en todo el país. Además, habría desarrollo en biomasa, biogás, hidroeléctrica y se profundizaría la producción de biodiesel, tal cual lo demandaban los compromisos internacionales firmados en la cumbre climática de París. A partir de esto, se esperaba que la participación de las energías renovables pase de representar el 1,8 % de la matriz, a un 8% en 2018, apostando a alcanzar el 20% en 2025, equivalente a 10.000 MW.

Metas.pngFuente: MINEM

A priori, es importante destacar que Argentina cuenta con las condiciones climáticas suficientes para el desarrollo y la explotación de los recursos naturales para la generación de energía eólica y solar. Sumado a esto, el programa prevé una serie de incentivos dirigidos a las empresas con el fin allanar el camino:

  • Exención de aranceles a la importación de equipos, partes, repuestos, componentes y materias primas hasta el 31/12/2017.
  • Amortización acelerada.
  • Devolución anticipada de IVA.
  • Exención del Impuesto a las Ganancias Mínimas Presuntas.
  • Exención del Impuesto a los Dividendos ante la reinversión en infraestructura.
  • Deducción de la carga financiera en el Impuesto a las Ganancias.
  • Certificado Fiscal sujeto a acreditación de componente nacional y transferibles a terceros.

Sin embargo, a dos meces de vencer el plazo estipulado para el 2018, viendo el resultado derivado de las licitaciones del plan RenovAr, resulta evidente ver que estamos muy lejos de lograr los objetivos. ¿A qué se debe esta situación?

En total fueron 147 proyectos destinados a aportar un total de 4.466 MW, los cuales estarían operativos entre 2018 como mínimo. En la primera licitación, llamada Ronda 1, se adjudicaron 29 ofertas, la mayoría para la producción de energía eólica, las cuales fueron distribuidas en 14 provincias.

Una segunda licitación, conocida como Ronda 1.5 y realizada a fines de 2016, adjudicó otras 30 obras para la producción de energías renovables. De ese total, 20 fueron para la producción de energía solar, mientras que las restantes fueron para energía eólica. Con esta nueva oferta se incorporaron 3 nuevas provincias para llegar a un total de 17. Sumadas las dos licitaciones, se adjudicaron 59 proyectos por una potencia total de 2,423 MW, a un precio promedio de 57,44 U$D/MW. En ambas rondas se presentaron más de 75 firmas, con 123 ofertas que totalizaron 6.343 MW, es decir, 3 veces más de la potencia ofrecida en la convocatoria. Los precios adjudicados fueron considerablemente bajos, lo que reflejó el interés del sector en invertir en dicho mercado.

Por su parte, la Ronda 2 adjudicó un total de 66 proyectos equivalentes a una potencia de 1.408,7 MW. De esa potencia, el 47% lo cubrió la tecnología eólica, 40% la solar, 8% la biomasa, 1% cada uno los pequeños aprovechamientos hidroeléctricos y la biomasa. Pero, ¿qué pasó con las obras adjudicadas?, ¿Cuántas realmente se iniciaron?, ¿Cuántas se terminaron? y ¿Cuántas se encuentran en este momento operativas?

Los datos que aporta CAMESA al respecto evidencian la realidad del sector: la potencia instalada entre el 2016 y 2017 derivan de “centrales eléctricas que funcionan con turbinas abastecidas con gas natural”. Esto provoca que la proporción de energía generada a base de fuentes hidrocarburíferas aumente, imposibilitando alcanzar el objetivo del 8%. Es más, según el MEM “la potencia instalada alcanzó los 36.505 MW y más del 63% corresponde a fuente de origen térmico”.

En tanto, según CAMESA, las fuentes de energía renovable apenas alcanzaron una potencia de 753 MW, es decir, un 2%. Se habló mucho de la falta de fondos para la construcción de las pocas obras que se habían iniciado por la falta de financiamiento. ¿Cuál es la situación al respecto? Actualmente, el principal problema para la ejecución de las obras más representativas es que carecen de garantías para su desarrollo.

Tal es el caso de los proyectos solares correspondientes a la Ronda 1 que están demorados y los cuatro proyectos eólicos por 185 MW de la firma china Envision, que atraviesan similares situaciones: Cerro Alto en la provincia de Río Negro (50 MW), Los Meandros, en Neuquén (75 MW), Vientos del Secano, en Buenos Aires (50 MW) y García del Río, en la misma provincia (10 MW).

La Ronda que 2 no quedó exenta de esta problemática y atraviesan serios problemas para acceder al financiamiento. Suman en total 2.000 MW que evalúan alternativas para la viabilidad de su ejecución y la fecha de inicio de operación comercial. Se estima que para los 12 proyectos eólicos correspondientes a la mencionada licitación se necesitan 1.589 millones U$D, ya que el costo promedio del mercado para la construcción del MW de la generación de energía con fuente en molinos de viento en Argentina está alrededor de 1,6 millones de U$D. En el caso de la energía solar, se necesitan 898 millones U$D correspondientes a 17 proyectos, con un costo promedio de construcción del MW es de alrededor de 1,1 millones de U$D.

A pesar de esto, ha habido proyectos que lograron avanzar su curso. La generación de energía renovable en agosto de este año creció 5,6% respecto al mismo mes de 2017, a la vez que muestra un incremento en el cálculo de la generación media móvil de los últimos 12 meses de 2,4%. En ese escenario, la generación de energía renovable creció en agosto 36,3% interanual y 5,7% respecto de la media del año móvil. Los datos surgen del “Informe de tendencias energéticas” del Instituto Argentino de la Energía General Mosconi del mes de septiembre, publicado recientemente. Punto para el subsecretario de Energías Renovables, Sebastián Kind.

Sin embargo, en todos los casos, hablamos de obras menores respecto de las más ambiciosas, que como vimos, suman su grano de arena a producción eléctrica pero que de ninguna manera alterar los porcentajes de la matriz energética primaria. La participación de generación a través de energías renovables fue del 1,94% del total generado en el último año móvil a agosto de 2018. El informe del IAE destaca que “sería muy difícil de alcanzar el objetivo de generar el 8% de la demanda con energías renovables a diciembre de 2018 como sugiere la ley 27.191”. “Este análisis surge debido a que en agosto de 2018 la generación renovable tiene una participación similar a la de enero de 2016”, subraya el IAE.

Respecto a esta problemática, Sebastián Kind, en diálogo con el periódico Energía & Negocios, advertía en el 2016 sobre la posibilidad de que no se lograra el objetivo: “probablemente no se llegue al 2018 con el 100% del compromiso de generar el 8% de fuentes renovables”, pero aun así se mostraba optimista respecto del futuro del proyecto y aseguraba que el cumplimiento de la meta “no pasaría de mediados del 2019”. No obstante, en julio de este año en diálogo con Clarín, lo ratificaba: “No se llega, a pesar de los esfuerzos”, ¿por qué? “Porque hay muchísimos proyectos en construcción. Algunos ya entraron en operación comercial. Hay otra tanta cantidad de proyectos que van a entrar hasta fin de año. Y así van a seguir entrando. Estamos algo corrido de lo que es el objetivo. Argentina tiene 57 proyectos entre operación comercial y construcción del orden de los 3 mil millones de U$D de inversión directa sucediendo en el campo. Eso es que las rutas de nuestro país están llenas de torres, paneles solares, palas, góndolas, equipo para poder hacer frente a las obligaciones de las ofertas”, aseguró.

Por tales motivos debemos decir que el crecimiento registrado a la fecha del 36,3% de la generación de fuentes renovables de energía que se registra en el país es producto de la puesta en operación comercial de once proyectos bajo el programa RenovAr y uno del Mater que se suman a los 58 proyectos bajo la Ley 26.190, la resolución 137 y 108 y de la modalidad GENREN.

Es decir, en conclusión, en dos años se instalaron más ciclos combinados que el total de renovables y por eso, de continuarse con ese ritmo, difícilmente se logre siquiera acercarse a la meta. Además, según un informe de KPMG, “las inversiones previstas para los próximos años son mayores en térmicas que en renovables: para el periodo 2017-2025 entrarían U$D 9.927 millones para energía térmica contra U$D 6.984 millones para renovables”. Al mismo tiempo, la consultora asegura que también “habrá U$D 14.463 millones para hidroeléctricas y U$D 10.921 millones para energía nuclear”. Dato que resulta por demás curioso, ya que no se entiende de qué manera se esperan alcanzar los objetivos planteados siendo que el desarrollo de fuentes renovables sea la que menos desembolsos tenga pronosticados.

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